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5 juegos callejeros que te harán volver a los 90

La década de los 90 es ese período nostálgico en el que no existían los smartphones, ni Whatsapp ni Youtube. Ni siquiera la web. Es la década de los Juegos Olímpicos en Barcelona y de la Expo del 92 en Sevilla. Época en la que los niños y niñas jugaban en la calle y eran suficientes unos pocos recursos –a veces con la imaginación bastaba- para pasar horas y horas con los amigos. ¿Recuerdas algunos de estos juegos callejeros?

Las cuatro esquinas

El de las cuatro esquinas era un juego en el que no podías perder la concentración en ningún momento porque si no, también perdías tu sitio. Sobre el suelo se dibujaba un cuadrado y podían jugar hasta cinco jugadores. Cada uno de ellos debía ocupar una esquina del cuadrado y, el quinto, se quedaba en el centro.

En cada uno de los turnos los jugadores debían desplazarse hasta otra de las esquinas del cuadrado. Por su parte, el del centro tenía que ocupar alguna esquina libre. La persona que no consiguiera una esquina era desterrada al centro como la perdedora.

1,2, 3… escondite inglés

Una pared era suficiente para disfrutar del escondite inglés. Uno de los jugadores, mirando hacia ella, decía la frase “un, dos, tres, escondite inglés” y se giraba hacia el resto. Mientras tanto, los demás jugadores tenían que acercarse por detrás y quedarse quietos en el momento en el que el de la pared volviera la vista.

El ganador era el primero que tocase la pared. Por su parte, a la persona que vieran moviéndose, se la tenía que quedar.

Las canicas

¿Quién no se ha quedado embelesado alguna vez ante el brillo y el tintineo de las canicas? Existen muchas variedades a la hora de jugar, aunque la más habitual era aquella en la que podías ganarle canicas a tus adversarios.

Para ello solo eran suficientes unas cuantas canicas y un suelo liso. En primer lugar, debías encestar tu canica en un agujero previamente hecho sobre el suelo. Si lo conseguías, podías disparar a la canica de un adversario. En el caso de que le dieras, te la podías quedar (siempre y cuando la volvieras a colar en el agujero).

Rayuela

La rayuela es ese juego con el que Julio Cortázar tituló una de sus obras más importantes. Y es que su argumento era muy parecido a la dinámica del juego: alcanzar el cielo.

El “terreno de juego” de la Rayuela es un conjunto de casillas dibujadas en el suelo con tiza y numeradas del uno al diez. También era necesaria una piedra para tirar a las diferentes casillas e ir marcando los turnos. El objetivo de este juego es saltar las casillas a la pata coja sin pisar las líneas y sin pisar la casilla en la cae la piedra.

Gallinita ciega

Por último, no podemos olvidarnos de uno de esos juegos que más revuelo montan: la gallinita ciega. Y es que, realmente, cuando los niños y niñas comienzan a jugarlo, la zona parece un auténtico gallinero.

Habrá un jugador que se la quede y al que le tocará hacer de gallinita ciega. Este jugador tendrá los ojos vendados y su misión será la de encontrar al resto de jugadores y adivinar quiénes son a través del tacto.

Antes de comenzar el juego, a la persona con los ojos vendados se le cantaba la siguiente canción:

– “Gallinita ciega, ¿qué se te ha perdido?”

– “Una aguja y un dedal”, respondía el que se la quedaba

– “Da tres vueltecitas y los encontrarás”. Entonces, ¡era el momento de marear a quien hiciera de gallinita e intentar que no te pillara!

 

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